Soy fanático de Nirvana, aunque por lo general no suelo darle demasiada importancia a las letras porque, como casi todas, no tienen un significado aparente o no fueron escritas con ese propósito definido, sobre todo las de Kurt Cobain. Sin embargo, recientemente hubo una que me llamó especialmente la atención: la de Come as You Are.

La canción comienza diciendo: “Ven tal como eres, tal como eras”. Esa frase me resonó más de lo habitual. Hace poco conocí a alguien que, desde el primer momento, se presentó tal como era, sin intentar parecer otra cosa. Esa honestidad inicial no solo me generó interés, sino también una sensación de calma, como si no hubiera nada que descifrar ni defender.

Luego aparece la línea: “Como quiero que seas. Como amigo, como amigo. Como un viejo enemigo”. Esta parte me resulta la más interesante de toda la canción. La persona que conocí es muy distinta a mí; alguien a quien, en otro momento de mi vida, probablemente no le habría dirigido la palabra por su forma de pensar. Sin embargo, ocurrió lo contrario: no la juzgué desde el inicio y terminé generando un afecto genuino, un cariño inesperado en muy poco tiempo, nacido más de la escucha que del acuerdo.

Lo interpreto así:

No te juzgo. Ven como quien seas. Sé auténtico o sé artificial, sé lo que realmente eres o lo que crees que debo ver. Puedes venir como amigo, con cuidado y cercanía, o como enemigo, con fricción y diferencia. Ambas posibilidades están aceptadas, porque incluso el contraste dice algo. Lo importante no es el rol que ocupes, sino que vengas sin máscaras. Pero no llegues tarde: no esperaré indefinidamente a que decidas quién ser. Como amigo, puedes descansar; hay un espacio donde no hace falta defenderse ni explicarse demasiado. Y quien seas, inevitablemente me traerás un recuerdo: de otra persona, de otra versión de mí, de algo ya vivido. Como una forma nueva de volver a sentir.